Los defensores del frontón Beti Jai consiguen que sea declarado Bien de Interés Cultural

El frontón Beti Jai en 1900

El frontón Beti Jai goza ya del máximo nivel de protección al ser declarado Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de monumento. El Gobierno regional se había comprometido a formalizar esa declaración antes de que concluyera el año 2010, pero finalmente ha sido en el Consejo de Gobierno de este jueves, a sólo cuatro meses de las elecciones, cuando el emblemático frontón del siglo XIX pasa a estar protegido frente a posibles derribos por el paraguas que otorga la declaración BIC.

Además de las características que hacen del frontón un edificio singular -es el único que sobrevive de los 30 que había en el Madrid del siglo XIX- el Beti Jai se había convertido los últimos años en un icono para los colectivos ciudadanos comprometidos con la conservación del patrimonio.

A esto contribuyó, sin duda, la polémica por su posible reconversión en un hotel, durante el primer mandato como alcalde de Alberto Ruiz Gallardón, y el hecho de que en esa operación apareciesen los nombres de algunos de los procesados en la operación Malaya, como la abogada Montserrat Corulla, testaferro de Juan Antonio Roca.

Ubicado en la calle Marqués de Riscal (distrito de Chamberí) el Beti Jai, que significa siempre fiesta en eusquera, llevaba esperando la declaración de Bien de Interés Cultural casi dos décadas. El expediente , iniciado en el año 1991, quedó paralizado. El Gobierno regional, tras un mandato de la Asamblea, lo reactivó en mayo pasado. Ahora, al estar incluido en el catálogo de inmuebles que gozan del máximo nivel de protección, cualquier obra que se efectue tiene que ser autorizada por la Dirección General de Patrimonio Histórico de la Comunidad.

Los vecinos de la zona denunciaron en 2008 que los propietarios del frontón estaban dejando morir al edificio por el abandono y se constituyeron en la asociación cultural Salvemos el Frontón, abrieron una página (www.frontonbetijaimadrid.org) con la historia del frontón y todos las iniciativas que se han llevado a cabo para su conservación. Ese mismo año UNESCO Madrid también solicitó a la Dirección General de Patrimonio Histórico la restauración del Beti Jai.

Cerrado desde 1989 el frontón está inundado de escombros y ofrece una imagen muy alejada de la descripción que hizo Ignacio González, vicepresidente del gobierno regional, al comunicar su declaración de BIC: “notable ejemplo de la dualidad arquitectónica característica del último tercio del siglo XIX, donde formas historicistas, eclécticas y neomudéjares encierran audaces estructuras de hierro, dando lugar a un rico planteamiento espacial con un cuerpo destinado a graderío, ligero y elegante, donde destacan sus fachadas curvas y el amplio vuelo de su cubierta”.

Para frenar su deterioro hace tiempo que el Ayuntamiento dictó a los propietarios una orden de ejecución de medidas de seguridad, dándoles seis meses para que acometieran los trabajos o los realizaría el propio Ayuntamiento en acción sustitutoria. La propiedad no cumplió con ese mandato y tampoco dejó entrar a los técnicos municipales cuando se personaron en el inmueble. Finalmente las obras comenzaron por parte de la propiedad pero se encuentran de facto paradas.

González afirma que ahora ya no hay excusas para acometer las obras de urgencia que necesita el edificio. La declaración de BIC “obliga a la propiedad a mantenerlo y al Ayuntamiento de Madrid a exigir la conservación de este bien. También a que los desarrollos de uso y actividades, obras y actividades que se hagan respeten la protección. Esperamos que se pueda recuperar y tener usos compatibles que hagan que esa conservación se pueda llevar a cabo en mejores condiciones en las que se han llevado hasta ahora”, enfatiza el vicepresidente regional. El frontón podrá albergar usos diferentes a los deportivos siempre y cuando en las obras de acondicionamiento se respeten los valores fundamentales del edificio. Inaugurado el 29 de abril de 1984 estuvo en funcionamiento como frontón hasta 1919. Posteriormente ha tenido usos de lo más variopinto, desde comisaría, durante la guerra civil, y almacén de la banda musical de Falange Española a taller de automóviles, sede de la Asamblea de Alcoholeros, Escuela Militar, taller de automóviles y garaje.

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